sábado, 6 de agosto de 2011

M. José Américo Orzali

Obispo y fundador de las Hermanas Rosarinas


José Américo Orzali nació en Buenos Aires el 13 de Marzo de 1863, hijo de Tobías Orzali (arquitecto) y de Teresa Nicoletti, ambos toscanos, llegados al país el año anterior y de muy sólida formación cristiana, que no tardaron en transmitir a sus hijos. La familia se estableció a media cuadra del Colegio del Huerto. Como las Hermanas necesitaban monaguillos para el servicio del altar, don Tobías enseñó a sus dos hijos, José e Ignacio, las ceremonias pertinentes, para que diariamente ayudaran al capellán Domingo Truccano, en su capilla. A los catorce años, José fue admitido en el seminario, pero hacia fines de marzo de 1884, se enfermó. Los superiores le aconsejaron que volviera a su casa, para curarse mejor y volver recuperado.

Desde el año 1880, estaba en el país, como Delegado de la Santa Sede monseñor Luis Mattera, que como no tenía secretario y, como José se hallaba en su casa por razones de salud, le pidió a Don Tobías, que permitiera que su hijo lo fuera, mientras tanto seguiría los estudios. El padre aceptó. Hacia fines de 1884, las arbitrariedades del presidente Roca, llegaron al punto de expulsar del país al Delegado Pontificio, dándole veinticuatro horas para abandonar el mismo. Monseñor Matera se refugió en Uruguay y con él viajó también el secretario José Orzali. Días más tarde, el Delegado Pontificio, al ver las buenas capacidades y generosa disponibilidad de José, se lo llevó a Roma y lo presentó al papa León XIII.

El 19 de Diciembre de 1885, José Américo Orzali es ordenado sacerdote y decide regresar a Buenos Aires, donde fue nombrado Teniente Cura de La Piedad, para colaborar con el párroco Apolinario Larrosa, enfermo y de edad avanzada. Allí, sobre los hombros juveniles de Orzali, cayeron casi todas las responsabilidades pastorales: Bautismos, matrimonios, primeras comuniones, unciones etc. Por aquellos años, estalló el cólera en esa ciudad, lo cual lo obligó a realizar tareas de alivio y asistencia. El 2 de Febrero de 1890, fiesta de la Candelaria, el Padre José Américo Orzali, asumió el cargo de cura párroco de Barracas al Norte, o sea, del barrio de Santa Lucía.

El nuevo cura, además de sus capacidades creativas que puso al servicio de la feligresía, fue el Vicedirector del Primer Círculo de Obreros y fundador de otro Círculo en su parroquia, el más importante del país, integrado por más de tres mil socios, es decir por más de tres mil familias. He aquí una lista de obras a favor de los socios del Círculo, que brotaron del dinamismo del Padre Orzali: Biblioteca, escuela nocturna para adultos, Salón de Actos, Banda de música, orquesta, confitería, cuadro dramático, Sociedad de Socorros Mutuos, farmacia, Consultorio Jurídico, Bolsa de Trabajo, Compañía de Seguros y Panteón, sin contar con las demás actividades religiosas en la Iglesia de Santa Lucía.

Había tres palabras que él rechazaba de plano: Cansancio, No e Imposible. Orzali dedicaba buena parte del día a las confesiones y de todas partes era solicitado, pero sus preferencias iban a las Pobrecitas de la Cárcel de Mujeres, más enfermas que culpables, a menudo avasalladas y explotadas. El llegó a ser para ellas un confesor asiduo y un consejero espiritual. Pero lo mejor en el campo religioso, fue la Fundación de las Hermanas Rosarinas. En el año 1895, formó el primer grupo de religiosas en su parroquia de Santa Lucía, dándoles por Santo y Seña: “Ora et Labora” (Oración y Trabajo). Su lema era: “Todo por Dios y todo por el prójimo” En el año 1903, Orzali fue nombrado capellán de la Fragata Sarmiento y acompañó al Buque Escuela en su cuarto viaje de diez meses En 1906, se hizo cargo de la parroquia San Miguel Arcángel, sin descuidar su Círculo de Obreros, sus hijas Rosarinas y la atención de la Casa Cuna y del Buen Pastor. El 20 de Enero de 1912, el papa San Pío X, firmaba las bulas del nombramiento de Orzali como Obispo de Cuyo, una diócesis más grande que Italia, y el 10 de Marzo del mismo año, en la Iglesia Catedral de Buenos Aires, Orzali fue consagrado Obispo por Espinosa.

El 14 de Abril hizo su solemne ingreso en San Juan. He aquí algunas cifras de sus andanzas por la extensa diócesis: Visitó trescientos setenta y ocho pueblos distintos; pronunció seis mil quinientos seis sermones. Administró ciento setenta y seis mil cincuenta y cuatro confirmaciones y dirigió trescientas cuarenta y nueve misiones.

Además Orzali no solo actuaba como Obispo, sino también como sacristán con el plumero, la escoba, baldeando…. A menudo, se ponía en el despacho y como secretario anotaba bautismos, confirmaciones, matrimonios etc. Se levantaba a las cinco de la mañana y no aceptaba recepciones, banquetes, ni homenajes floridos y superfluos. El quería ser solo misionero. Como no tenía coche viajaba en mateo, en tren, volanta, sulqui, caballo o en los coches de la mensajería. Si el guardapolvo o la sotana se le enganchaban en un clavo, siempre tenía a mano el costurero con agujas, hilos a colores, tijera….., así, resolvía el problema.

Poco después de celebrar sus Bodas de Plata Episcopales, el Obispo se enfermó. La prueba fue muy dura, pero él, que era hombre de rudo trabajo y diuturnos sacrificios, la aceptó de las manos del Señor como purificación final y como camino o puente “Para completar lo que faltaba a la Pasión de Cristo por el bien de la Iglesia” (Col 1, 24) Falleció el 18 de Abril de 1939. Finalizaré esta biografía, con palabras del discurso de Monseñor Orzali al tomar posesión del Obispado de Cuyo: “…No vengo a ser servido, sino a servir. A ser todo para todos…. He de recorrer sus calles y sus plazas, acudir a sus moradas, asilos, hospitales y todos los centros necesitados de auxilios espirituales y materiales…” ¡Y cumplió!

Elsa Lorences de Llaneza

Fray José León Torres

Fundador de las Hermanas Mercedarias
del niño Jesús


Al oeste de la Sierra Grande de Córdoba, está el pueblo de Luyaba, situado entre Villa Dolores y Cura Brochero. Aquí, en Luyaba, nace el Padre José León Torres el 19 de Marzo de 1849.

A los catorce años, José sintió nacer el deseo de trabajar por el Reino de Dios y llama a las puertas del convento mercedario de Córdoba. En este convento, José se prepara en estudios humanísticos, noviciado, profesión simple y solemne, estudios filosóficos y teológicos y el sacerdocio.

El 27 de Abril de 1873, el Padre José fue ordenado sacerdote. A lo largo de toda la vida fue un generoso, entusiasta y alegre servidor de la Orden de la Merced.

He aquí, en apretada síntesis, su foja de servicios: Maestro de novicios; catedrático de teología, para preparar a los jóvenes al sacerdocio; capellán de la Cofradía de la Merced; muy a menudo vicario provincial y superior provincial; visitador de los demás conventos; recuperador de otros conventos perdidos durante las turbulencias y convulsiones político-sociales; restaurador de iglesias; fundador de nuevos conventos; consejero en el estudio y aprobación de las nuevas constituciones, favorecedor de la Revista Mercedaria; vicario general; asesor en el Sínodo Diocesano y fundador del Instituto de las Hermanas Mercedarias…

En sus giras de superior y visitador de conventos, el padre se decía: “¡Qué lindo sería sí, junto con los Hermanos, hubiera Hermanas Mercedarias! ¡Qué exquisitas colaboradoras serían en la viña del Señor! ¡Cuánto bien harían a la juventud y a las familias en las escuelas, patronatos, oratorios, cursos y cursillos, retiros y orientaciones vocacionales!”.

Celebrando la Misa en la conmemoración de los 14 años de su primera Misa José, siente la inspiración de la fundación y el 1 de Octubre de 1887, nace el Instituto de las Hermanas Mercedarias del niño Jesús. Dos años después, gracias a la donación de un terreno en el barrio de Alta Córdoba, se comienza a proyectar lo que sería la gran Casa Madre.

En Córdoba el padre José, además de sus cargos de Superior, fue el confesor ordinario de varias comunidades, en particular del Monasterio de Santa Catalina, en el que vivía sor Leonor de Santa María Ocampo a la cual, el Padre, le ordenó que escribiera sus memorias para conocer más a fondo sus visiones y sus ansias de santidad.

Fue ella la que le confirma al Padre -después de su inspiración y cuando nadie sabía de ella-, que fundaría la congregación de las Hermanas Mercedarias al tener la siguiente visión: “Ve al Padre José junto a la Madre Santísima de la Merced, dando de comer a diez palomitas blancas (precisamente el número de las religiosas fundadoras).

En el año 1930, la salud del Padre se agrava notablemente. El 7 de diciembre recibe los Santos Sacramentos. Al conocer la gravedad de su estado, sus sentimientos se vuelven oraciones de confianza y humildad. El 15 de diciembre, entrega su espíritu en las manos del Señor.

Escribe la Hermana Cristina Achábal: “Nos atrevemos a llamar al padre José un Santo para tiempos difíciles. Porque vivió en una Argentina en crisis, profesó en una orden en crisis, fundó una Congregación en una Córdoba en crisis. Pero, curiosamente, nadie predicó menos que él sobre la crisis, y pocos trabajaron tanto como él para superarla, porque fue un trabajador incansable.

Elsa Lorences de Llaneza

viernes, 5 de agosto de 2011

Hermano José Marcos Figueroa, s.j.

El portero de la inmaculada


El Hermano José Marcos Figueroa, nace en Tinajo, en la isla de Lanzarote (Canarias) el 7 de Octubre de 1865. A la edad de 8 años, viaja con su familia a América, y se establecen en un campo cercano a Santa Lucía (Departamento de Canelones de la República Oriental del Uruguay). Estando aquí, fue a la escuela solamente cuatro meses, el resto del tiempo, hasta los 20 años, ayuda a su padre en su oficio de labrador.


Por cierto cuatro meses de escuela, fueron muy pocos, pero su prodigiosa memoria y sus contactos con personas ilustradas y buenos libros, le abren los caminos del saber. Era considerado un erudito en el campo de los libros escolásticos, ciencia, teología y espiritualidad.


Deseoso de mejor vida, aspira a entrar en la Compañía de Jesús. El 30 de Enero de 1886, se separa de sus padres y entra como postulante en el colegio Sagrado Corazón de Montevideo.


El 12-8.1886, viene a la Argentina y en la Provincia de Córdoba, empieza el noviciado y es admitido como coadjutor. No sería sacerdote, sino que brindaría su colaboración tan útil y necesaria en los mil oficios que la marcha de toda Comunidad requiere.


En Mayo de 1887, José Marcos contrae la enfermedad de la viruela. A pesar de que los médicos, debido a la virulencia de la afección, prohibieron que nadie se acercase a la enfermería donde se lo atendía, en un acto de gran heroísmo, el enfermero del noviciado, Hermano Rojas, lo atiende con total solicitud. El Hermano Figueroa, sana de su dolencia, pero el enfermero se contagia y en menos de cinco días, la enfermedad lo lleva al sepulcro. Veinticuatro horas antes de expirar, se lo oía exclamar al Hermano Rojas: ¡Gracias Dios mío! ¡Qué suerte la mía! ¡Dios me ha predestinado para el cielo!


Este heroico ejemplo de caridad, influye profundamente en el espíritu del Hermano Figueroa. Aprende lo que significa el verdadero amor en la Compañía y le sirve de norma para amar como había sido amado: Hasta el heroísmo.

A fines de Mayo del año 1888, el Hermano José Marcos, llega al Colegio de la Inmaculada de la provincia de Santa Fe, brindándose con una generosidad y perseverancia excepcionales, durante los cincuenta y tres años de su permanencia.


El Hermano comienza a trabajar en el Colegio con el oficio de segundo enfermero y comprador. Poco después inicia su trabajo en la portería, resolviendo las peticiones, los problemas y las dificultades, con gran exactitud, gracias a su felicísima memoria, a la que no escapaban los datos más insignificantes.


El Hermano José, era un lector apasionado y utilizaba los retazos de tiempo que tenía, para actualizarse con la cultura literaria, religiosa, devocional etc. Sus biógrafos dicen que se había vuelto un erudito de cosas humanas y muy sabio en las cosas divinas. Era el propagandista y el administrador de las revistas del apostolado de la oración, tanto del país como del extranjero.


“El apostolado de la prensa, es un apostolado impagable, porque es trabajo de siembra de ideas y de ideales, y son las ideas y los ideales, los que mueven el mundo, iluminan las inteligencias y conmueven el corazón”.


El hermano atendía a todos, tanto a la gente humilde, como a la gran dama, con la misma delicadeza y prontitud, porque sólo veía en el ser humano, la imagen y semejanza de Dios.


A los 54 años de trabajo en la portería, el corazón empezó a flaquearle. Todos los análisis, radioscopias y radiografías, revelaban que el corazón estaba destrozado; pero el siempre contestaba que: “Estaba bien”.

El padre Rector, escribe al Superior Provincial, y le cuenta que, como la cosa no tiene remedio, con el médico deciden dejarlo en la portería, para que muera a su gusto: Al pie del cañón.


El 19 de Noviembre de 1942, el Hermano José Marcos Figueroa, fallece silenciosamente, sin llamar la atención, sin molestar a nadie, pero con una larga preparación en la práctica incesante de todas las virtudes.


Elsa Lorences de Llaneza



SAN HÉCTOR VALDIVIELSO SÁEZ


MÁRTIR LASALLANO Héctor Valdivielso nació en Buenos Aires el 31 de Octubre de 1910, en la actual calle Treinta y Tres Orientales Nº 1075. Fue bautizado en la parroquia San Nicolás de Bari el 26 de Mayo de 1913.

Sus padres, oriundos de España, llegaron a la Argentina, buscando mejorar su vida, sin embargo, pocos años después regresaron a Briviesca (Provincia de Burgos).


En el año 1922, surge en Héctor la idea de hacerse religioso e ingresa en el estudiantado lasallano de Bujedo. Los hermanos lasallanos tenían en Lembecq-le-Hall (Bélgica), un colegio misionero, que acogía estudiantes de distintas naciones. Allí fue enviado Héctor con un grupo de aspirantes. En el mismo instituto, hizo el postulantado y el 6 de Octubre de 1926 recibe el hábito. Con él se le adjudica el nombre nuevo: Hermano Benito de Jesús.


Terminado el año de noviciado el 7 de Octubre de 1927, Héctor emitió sus votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia y en seguida regresó a Bujedo para realizar sus estudios de profesor.
El 14 de Agosto de 1929, llegó a Astorga, que sería su campo magisterial. Pero él no se conformaba con la actividad meramente académica y se dedica a la Congregación de los Tarcisos, para promover la devoción eucarística.

Con intuición muy fina, se abrió al gran mundo de los medios de comunicación y, conociendo sus dotes literarias, se comprometió con el apostolado de la buena prensa.
El periódico “Luz de Astorga”, le abrió sus páginas, para que se explayara sobre los temas de su predilección.

El año 1934, anuncia días muy tristes para toda España y, sobre todo, para la iglesia.
El odio y las luchas de clases eran avivados por los malos gobiernos y aprovechados por los nacientes grupos de izquierda. Característica general de las proclamas, era el ataque a la religión, a los símbolos religiosos y en especial a las personas eclesiásticas: sacerdotes y religiosos. Antes de llevar a cabo la Revolución Nacional, los dirigentes decidieron un ensayo en Cataluña y Asturias. En los quince días que duró el intento revolucionario, fueron asesinados en Asturias treinta y tres sacerdotes y destruidas diecisiete iglesias.

Al ser promulgada la ley que prohibía la docencia a los miembros de congregaciones religiosas, los hermanos lasallanos tuvieron que dar por concluidas sus labores en Astorga y dejar paso a profesores seglares.
Tomaron sus petates, se quitaron el hábito y se dirigieron a Turón, donde se presentaron como profesores seglares.

Durante la noche del 4 al 5 de Octubre de 1934, estalla la revolución y fueron detenidos los 3 sacerdotes de Turón. Avisados los hermanos lasallanos, intentan celebrar una misa que les impiden terminar. Los ocho hermanos fueron detenidos y llevados a la cárcel instalada en Casa del Pueblo.
Estuvieron en esta cárcel desde el día 5 hasta el 8 de Octubre. El día 9 de Octubre a la una de la mañana, amparándose en la oscuridad de la noche, entran en la cárcel del pueblo dos miembros del Comité, empuñando sendas pistolas y acompañados por dos escopeteros, despojan a los detenidos de sus bienes y les comunican que los llevaban a las líneas de fuego de Oviedo, pero en realidad los encaminaron al cementerio.

Las once víctimas – 8 hermanos lasallanos, entre los que se encontraba Héctor, el padre Inocencio, pasionista confesor y dos jefes de carabineros – fueron alineados delante de las fosas, con el rostro mirando a su colegio y a los escopeteros. A la orden de fuego dos descargas segaron las vidas de los mártires, cuyos cuerpos cayeron en las fosas y fueron rematados a pistoletazos.

El Papa Juan Pablo II, beatifica a Héctor Valdivieso Sáez y a sus compañeros el 29 de abril de 1990 y el 21 de noviembre de 1999, los canoniza, o sea, los proclama santos, amigos de Dios e intercesores de los hombres.

Elsa Lorences de Llaneza

Himno a san Hector Valdivielso

Naciste en un rincón de Buenos Aires
y volviste muy niño hacia la España
hasta encontrar la estrella lasallana

San Héctor Valdivielso, desde el cielo
ruega por esta tierra que es tu patria.
Que por tu testimonio y por tu ruego,
nos encendemos en tu misma llama

Siguiendo los caminos de La Salle,
la escuela fue tu campo de batalla.
Luchabas con paciencia y con valor
tomando como espada la Palabra

Arriesgaste tu vida en la tormenta
y te entregaste a Cristo con confianza.
Regaste la semilla que sembraste
con la luz de tu sangre derramada.

Gozaste hasta la muerte del apoyo
de tu comunidad sacrificada.
Que ese ejemplo nos mueva a construir
una Iglesia más fiel y más hermana

domingo, 31 de julio de 2011

Monseñor Jorge Gottau


Hablar de Monseñor Jorge Gottau es hablar de un hombre que siempre tuvo muy clara su elección por los más humildes, de alguien que nunca descansó en su afán por combatir la pobreza, un sacerdote, un obispo que dejó su huella indeleble en este mundo, y sobre todo en Añatuya, una de las regiones más pobres de la Argentina, porque no se puede hablar de M. Gottau sin hablar de Añatuya, como no se puede hablar de Añatuya sin pensar de inmediato en Monseñor Gottau. Jorge Gottau nació el 23

de Mayo de 1917 en Gascón, provincia de Buenos Aires, hijo de José Gottau y Juliana Bahl, y tuvo diez hermanos. Desde niño sintió la vocación sacerdotal y a los 12 años ingresó al seminario menor de los Padres Redentoristas en Bella Vista, provincia de Buenos Aires.

San Alfonso María de Ligorio, obispo, doctor de la Iglesia y fundador de la congregación del Santísimo Redentor fue una figura importante e inspiradora para Jorge Gottau.


En 1937 viaja a Pergamino e ingresa a la casa del noviciado de Manuel Campos, donde luego hizo los votos religiosos en la Congregación del Santísimo Redentor. Se traslada después a Córdoba donde termina sus estudios de filosofía y teología.

El 19 de octubre de 1942 es ordenado sacerdote. Fue sacerdote misionero, párroco en la localidad de Darregueyra y en 1956 fue nombrado Provincial de la congregación de los Padres Redentoristas.

En 1961 se crea la diócesis de Añatuya en Santiago del Estero, y el Papa Juan XXIII nombró a Gottau obispo de Añatuya, haciéndose cargo de la diócesis el 1º de octubre de 1961.
Recibió una diócesis que contaba sólo con 7 parroquias y 7 sacerdotes para atender 120.000 habitantes desperdigados en 68.000 Km2.

Gottau llegó a Añatuya acompañado por el padre Emilio De Elejalde y, luego de recorrer la diócesis, se dedicó a conseguir recursos económicos y colaboradores para desarrollar su obra. Consiguió ayuda de varias parroquias de Buenos Aires y de Alemania, y trajo sacerdotes de Italia, España, Alemania, India y otros países, desarrolló una labor pastoral incansable en la que era considerada la diócesis más pobre de la Argentina.


Durante los 31 años que estuvo al frente de la diócesis creó 15 nuevas parroquias y más de 200 capillas, Estableció 26 centros educativos, (15 primarias, 8 secundarias 2 profesorados y una escuela de educación especial), centros agrotécnicos, de capacitación laboral, y talleres. También 7 hogares destinados a niños, ancianos y discapacitados. Trabajó también para mejorar las viviendas y mejorar la salud del pueblo, y muchas otras obras.


En el año 1970 creó la colecta nacional "Más por Menos" destinada a ayudar a las diócesis más necesitadas de nuestro país.


En 1992, a los 75 años, Gottau dejó el obispado de Añatuya y fue nombrado ciudadano ilustre como reconocimiento por su labor.

Continuó siendo obispo emérito de Añatuya hasta su fallecimiento, el 24 de abril de 1994, a los 77 años de edad, en la ciudad de Buenos Aires.

Actualmente sus restos descansan en la catedral “Nuestra Señora del Valle” de Añatuya.


En 1996 se crea la Fundación Gottau, para continuar la obra iniciada por el obispo.


En 2010 Jorge Gottau fue proclamado Siervo de Dios, iniciándose así el camino de su canonización.


Lis Anselmi

Monseñor Jorge Gottau

ORACION

Padre nuestro,
que llamaste a tu hijo Jorge Gottau
a ser pastor de tu pueblo,
y él, mediante una vida virtuosa en la oración
y generosa en la caridad,
respondió con amor y compromiso
aceptando su misión
en la Iglesia pobre de Añatuya
al servicio de los más necesitados,
escúchanos.

Te pedimos que, por su ejemplo,
aprendamos a llevar tu Palabra
junto con acciones concretas
a favor de la promoción humana.

Padre nuestro, te ofrecemos
seguir caminando por sus huellas
para que el fuego de su espíritu no se apague,
así, podamos ser mejores discípulos tuyos
y él, Jorge Gottau, sea elevado a los altares
para ejemplo de la Iglesia universal.

Danos sencillez, generosidad y perseverancia
y, concédenos la gracia que te pedimos
(mencionar aquello que deseamos
para nuestro bien y el de nuestros hermanos)
y, junto a nuestro pedido, vaya también la intención
de ver pronto a nuestro querido pastor
entre los santos reconocidos por la Iglesia.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Con las debidas licencias
(oración para la devoción privada)
Adolfo Uriona fdp, obispo.