jueves, 18 de agosto de 2011

MADRE ISABEL FERNÁNDEZ

Fundadora de las misioneras de San Francisco Javier


Isabel Fernández nació en Málaga (España) el 26 de Noviembre de 1881, hija de Buenaventura Fernández y de Antonia Sánchez. Recibió de su familia y del Colegio de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, una esmerada educación y formación religiosa. Uno de los grandes acontecimientos de su vida fue la Primera Comunión, recibida el 24 de Junio de 1881. Desde niña se destacó por su gran delicadeza de conciencia y una candorosa simplicidad, que la acompañaron toda la vida.

Impulsados por la difícil situación política y social de España y con el deseo de buscar nuevos horizontes, sus padres decidieron emigrar con sus dos hijas a la Argentina, adonde llegaron en Diciembre de 1892. En este ambiente familiar, crecieron su fe y su fidelidad a las prácticas religiosas. Muy pronto se relacionó con los Padres Jesuitas de la Iglesia del Salvador, que fueron sus guías espirituales y que la orientaron hacia una intensa vida de unión con Dios.

En ese entonces, su familia atravesaba una situación económica difícil y ella, a los dieciocho años, entró en el mundo del trabajo, desempeñándose como telegrafista. Desde el año 1899, entró en especiales relaciones con las religiosas del Buen Pastor. En 1911 ingresó en esta Congregación. Su alegría era muy grande, pero le sobrevino una prueba. La falta de salud la obligó a regresar al hogar.

Por esos años su apostolado se intensificó mucho. Con un grupo de amigas, recorrieron los lugares pobres de la gran ciudad, llevando la luz de Cristo a los ignorantes, preparando a los niños para la Primera Comunión, alentando a las familias a vivir sus compromisos religiosos, promoviendo los valores sociales de la vivienda, de la cultura y de la educación. En el año 1920, el entonces Obispo auxiliar de la Plata, Monseñor Francisco Alberti, visitó la capilla del Carmen donde, la Sierva de Dios, desarrollaba su apostolado. El obispo pudo apreciar la obra de evangelización tan seriamente llevada a cabo, bendijo las actividades y exhortó a todo el grupo a mantenerse unido e invitando a otras chicas a colaborar.
Monseñor Alberti la atendió siempre con gran amor y fue su gran protector. Gracias a sus esfuerzos, en el año 1924, lograron la donación de un terreno en Villa Raffo, para la fundación de un colegio y de una Iglesia.

El 1º de Junio del mismo año, el obispo dio una primera autorización para la obra y encomendó la redacción de un reglamento o constitución para armonizar los horarios y las tareas. El 3 de Diciembre de 1925, se pudo inaugurar el nuevo centro de Apostolado en Villa Raffo con la fundación del Instituto. Nuevas jóvenes se iban asociando a la obra. Al cumplirse el año, vistieron el Santo Hábito la Sierva de Dios y tres de sus primeras compañeras. El 4 de Febrero de 1928 hicieron su profesión de los votos. A los once años de la fundación del Instituto, llegó la tan anhelada aprobación canónica, lograda especialmente por el gran interés y empeño de Monseñor Alberti, que tan de cerca había seguido la vida de Isabel.

Los últimos años de la Sierva de Dios, estuvieron marcados por la austeridad, la oración ante Jesús Sacramentado y la entrega, siendo ejemplo para todos de humildad y espíritu de trabajo.

En el año 1942, el corazón que tanto había amado y tanto había sufrido, se iba apagando. Pidió la Unción de los enfermos, recibió el Viático y proclamó: “Soy hija de la Iglesia ¡Por fin puedo verte Jesús, para siempre!”. Recomendando a sus hijas: “Amen al Instituto y defiéndanlo”. Fue al encuentro del Señor el 28 de Setiembre de 1942.

Elsa Lorences de Llaneza

jueves, 11 de agosto de 2011

Cardenal Eduardo Pironio


Eduardo Francisco Pironio nació en la localidad de Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, el 3 de diciembre de 1920, era el menor de los veintidós hijos de un matrimonio de inmigrantes italianos, Giuseppe Pironio y Enrica Rosa Buttazzoni.

Su vocación religiosa fue incentivada por su madre, y a los 18 años ingresó al seminario de La Plata, de donde egresó 5 años después. Fue ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1943 en la Basílica de Ntra. Sra. de Luján y su primer servicio pastoral fue dedicarse a la formación de futuros sacerdotes como profesor de Literatura y Latín, y luego de Filosofía y Teología en el Seminario de Mercedes, su diócesis.

En los años 50 aparecieron sus primeros escritos en la Revista de Teología del Seminario de La Plata y en la revista Notas de Pastoral Jocista, órgano de la JOC; Juventud Obrera de Acción Católica en la Argentina.

En 1953 realizó estudios teológicos en Europa. Fue rector del Seminario Metropolitano de la Arquidiócesis de Buenos Aires entre 1960 y 1963. En ese último año, fue nombrado decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina.

Sigue la guía pastoral del Padre Manuel Moledo, quien será determinante en el profundo amor a la Acción Católica.

En 1958 su Obispo lo designa Vicario general de su Diócesis de origen, y se desempeña como Profesor de Teología en la recientemente fundada Universidad Católica Argentina.

En 1960 el Card. Caggiano, Arzobispo de Buenos Aires, le solicita que asuma el cargo de Rector del Seminario Metropolitano de Villa Devoto, que acababan de dejar los Jesuitas.

En 1963 fue designado Visitador Apostólico de las universidades católicas argentinas y Decano del Instituto de Teología de la UCA. El Papa Juan XXIII lo designó para participar como perito en la segunda sesión del Concilio.

El 24 de marzo de 1964 fue elevado a obispo titular de Ceciri, desarrollando sus actividades como obispo auxiliar de La Plata donde se dedica al servicio pastoral de la arquidiócesis y se aboca a los laicos de Acción Católica, donde asume como Asesor General.

A fines de 1967 Pablo VI lo designó Administrador Apostólico de la Diócesis de Avellaneda y en la XI Reunión Anual lo eligió Secretario general del CELAM -Conferencia Episcopal Latinoamericana. Poco después el Papa lo designó Secretario General de la II Conferencia Latinoamericana encargada de traducir el Concilio Ecuménico Vaticano II al contexto de América Latina, que se celebraría al año siguiente en Medellín. En 1970 fue reelegido como Secretario General.

El 27 de abril de 1972 fue designado Obispo residencial de la diócesis de Mar del Plata y en noviembre de ese mismo año fue designado Presidente del CELAM.

Predicó los Ejercicios Espirituales a SS Pablo VI en Cuaresma de 1974 y en septiembre de 1975 Pablo VI lo nombró Pro Prefecto de la Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares, lo que lo obligó a trasladarse a Roma.

El 24 de mayo de 1976 fue elevado al cardenalato por el Papa Pablo VI, otorgándosele la diaconía de Ss. Cosma e Damiano y lo designa Prefecto de la Sagrada Congregación, cargo en el que es confirmado por Juan Pablo II..

En 1983, Juan Pablo II lo designó Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos desde donde fue el principal organizador de las Jornadas Mundiales de la Juventud y también de los Foros Mundiales el primero de los cuales se gestó en Buenos Aires. Fue el impulsor de la creación del Foro Internacional de Acción Católica: FIAC.

En 1987 optó por el orden de cardenales presbíteros, y su diaconía fue elevada a título pro illa vice.

Durante la última etapa del gobierno de María Estela Martínez de Perón y luego durante la dictadura militar iniciada en 1976 recibió amenazas de muerte. Antes del golpe de Estado de 1976, el gobierno constitucional le había ofrecido proveerle custodia personal, oferta que Pironio rechazó argumentando "No puedo aceptar eso. Primero porque confío en la protección de Dios. Segundo, porque considero inaceptable que un obispo desarrolle su labor rodeado de guardaespaldas. En tercer lugar porque pueden atentar y no sólo matarme a mí, sino matar a un custodio; y su vida vale tanto como la mía". Como consecuencia de dichas amenazas, el Vaticano decidió trasladarlo a Roma y le nombró arzobispo titular de Tiges.

En 1978, durante los dos cónclaves —uno tras la muerte de Pablo VI, otro al fallecer Juan Pablo I— fue considerado potencial candidato a Papa. Juan Pablo II lo designó presidente del Pontificio Consejo para los Laicos en 1984, cargo que ocupó hasta 1996; antes había sido prefecto de la Congregación de Institutos de Vida Consagrada. En 1995 había sido promovido a cardenal obispo de Sabina-Poggio Mirteto.

El Santo Padre aceptó su renuncia luego de haber cumplido los 75 años, después de lo cual siguió colaborando en ocho congregaciones de la Santa Sede y participó en las primeras sesiones del Sínodo de América.

Falleció el 5 de febrero de 1998, después de catorce años de lucha contra un cáncer óseo. Poco antes había escrito.” Vamos hacia la casa del Padre. La alegría de morir consiste en saber que volvemos a la casa del Padre, llevados por la mano de Jesús”.

Sus restos descansan en el Santuario de Santa María de Luján. El 23 de junio de 2006 se inició el proceso de beatificación.

Lis Anselmi

Cardenal Eduardo Pironio - Oración

Oh Dios, Padre nuestro,
que has llamado a tu Siervo Eduardo Francisco Pironio
a servir a tu Iglesia como sacerdote y obispo
confortado por la materna solicitud de la Virgen María
y lo has hecho alegre anunciador
de la esperanza y de la cruz.
Concédenos que siguiendo su ejemplo
podamos proclamar y testimoniar nuestra fe
con un corazón misericordioso y acogedor
y, por su intercesión,
danos la gracia que confiadamente te pedimos.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén

Con aprobación eclesiástica:
Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 12 de diciembre de 2005

Quien reciba gracias se ruega informar a:
Postulación de la Causa:
Via della Conciliazione, 1 - 00193 Roma (Italia)

Vicepostulación de la Causa en la Argentina:
Av. de Mayo 621. 2º Piso. Buenos Aires. C1084 AAB. (Argentina)


PADRE LUIS MARÍA ETCHEVERRY BONEO

Fundador de las Servidoras


Luis María Etcheverry Boneo nació en Buenos Aires el 18 de Octubre de 1917, en el seno de una familia profundamente cristiana y de alto nivel cultural. Sus padres fueron Rómulo Etcheverry Boneo, prestigioso abogado y miembro de la Suprema Corte de Justicia de La Plata y Julia Barrios. Realizó sus estudios primarios en La Plata. Al cumplir los doce años manifestó a sus padres el deseo de entrar en el seminario. Aconsejado por monseñor Boneo, su tío abuelo y obispo de Santa Fe, antes de entrar en él, cursó los estudios de la secundaria en distintos colegios maristas de la Plata y de la Capital Federal. De su vida de piedad, se destaca su devoción al Sagrado Corazón y su filial amor a la Virgen.

Después de unos cursos en la Facultad de Derecho, Luis, en el año 1936, ingresó en el seminario de Villa Devoto. Seis meses después, al reconocer sus sobresalientes dotes de inteligencia y su profunda vocación sacerdotal, el Cardenal Copello y el Rector, de común acuerdo, dispusieron que Luis fuera enviado a Roma, para que continuara sus estudios de filosofía y teología en la prestigiosa Universidad Gregoriana, hasta recibir la licencia y el doctorado. Completó su formación en el Colegio Pío Latinoamericano.
El 11 de Abril de 1941 Luis es ordenado sacerdote.

A causa de la Segunda Guerra Mundial, el Cardenal Copello lo llamó de regreso a Buenos Aires. Con ello debió interrumpir sus estudios de doctorado. Llegó a la Argentina el 10 de Noviembre de 1943. En Buenos Aires, se le encomendaron distintas tareas eclesiales, en parroquias y colegios, en Círculos y Centros de Acción Católica, en el Seminario Arquidiocesano y en la misma Curia Arquidiocesana, en los cursos de Cultura Católica.

Durante casi diez años fue el principal gestor ante las autoridades civiles y religiosas de la fundación de la Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires. Entre múltiples iniciativas culturales, fundó la Sociedad Argentina de la Cultura, de la que dependían cinco colegios universitarios. Creó el Colegio San Pablo para varones y, más tarde, el Colegio San Pablo para mujeres, actualmente Colegio Luis María Etcheverry Boneo, en honor a su fundador. En 1961, instauró la Fundación Cultural Argentina en la estancia La Armonía, como centro de espiritualidad, evangelización y cultura. En 1952, fundó la Asociación de las Servidoras, como nueva forma de vida consagrada, destinada a colaborar en las distintas tareas de la evangelización y de la cultura.

Maestro innato, se dedicó continuamente a la enseñanza a través de cursos, conferencias, homilías, retiros…. Sin embargo, destinó su mayor tiempo y energía a la formación y a la dirección espiritual de las personas, en las que supo despertar el anhelo de la santidad. “El Padre Luis María Etcheverry Boneo, era un sacerdote de una capacidad intelectual extraordinaria, muy austero, severo consigo mismo y, al mismo tiempo, muy humilde y bondadoso con todos. Era un sembrador de santidad, sobre todo, como director espiritual de jóvenes universitarios, de profesionales católicos y de muchísimas parejas crecidas en su escuela. Formaba almas a la santidad de la vida. Llevaba a las cumbres de la santidad pagando personalmente” (Monseñor Albino Mensa, arzobispo de Vercelli).

Durante un viaje a Roma, se detuvo en Madrid. En este viaje comenzó a sentirse indispuesto. El miércoles 19 de Marzo de 1971, el padre fue al Sanatorio- Hospital San Pedro, donde el médico de guardia lo auscultó, lo palpó y le hizo la radiografía. El cirujano aconsejó una operación de urgencia que se realizó a las nueve y treinta de la noche. Se encontró que el colon estaba distendido y próximo a la rotura, pero se dejó para más adelante la resección del mismo.

A las cuatro de la mañana del 18 de marzo, el padre sufrió un colapso periférico, casi sin pulso, sin tensión y con mucha taquisnea. Le costaba respirar y le pusieron oxígeno. Hacia las ocho y cuarto entregó su alma a Dios.

En un primer momento, el cuerpo fue velado en la capilla. Mientras tanto, se hacían los trámites para su traslado a Buenos Aires. Allí en la calle Lacrote 2100, en la capilla de las Servidoras, se llevó a cabo el velatorio. La Misa exequial, se celebró en la Iglesia del Pilar, presidida por el Cardenal Arzobispo Antonio Caggiano, cuyas palabras resonaron ardorosas: “El Padre Etcheverry fue, sin duda, un sacerdote para el prójimo, para los hermanos en la fe, para la juventud, para los futuros apóstoles de Cristo, para quienes están llamados a ser dirigentes en todas las actividades y sectores sociales”

Elsa Lorences de Llaneza

MARÍA DEL TRÁNSITO CABANILLAS

El anuncio de que, el 14 de Abril de 2002, el Papa Juan Pablo II, proclamara Beata a la Madre Tránsito Cabanillas, nos ha llenado el corazón de un gozo profundo y nos ha comunicado un vivo entusiasmo y gran dinamismo espiritual y cultural.

No sólo están de gozo y de fiesta las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscana, fundadas por María del Tránsito, sino también la Iglesia y la Patria, porque toda beatificación es una gloria y un lucero de esperanza y de aliento, especialmente en estos momentos de crisis y de contrastes sociales y económicos.

Los Santos son siempre una maravilla de la Gracia y una bendición especial del Señor para una nación. Los santos, por cierto, no necesitados de nuestras fiestas ni de nuestros homenajes, ellos ya gozan de Dios y de la Virgen; y nosotros necesitamos de sus ejemplos, de su ayuda, de su intercesión, de su magisterio. Por otra parte, los santos, las benditas almas del purgatorio y los hombres no formamos tres grupos separados, sino una sola familia, la familia de los hijos de Dios en distintos estados y todos hermanos entre sí.
San Pablo diría que formamos un solo cuerpo, del que Cristo es la cabeza y los cristianos los distintos miembros, vital y armoniosamente unidos.

Tránsito Cabanillas nació un 15 de Agosto de 1821, en la Estancia Santa Leocadia, en lo que es hoy Villa Carlos Paz, junto al Lago San Roque (Córdoba). Los padres Felipe Cabanillas y Francisca Antonia Sánchez, eran de rancio abolengo cordobés y, sobre todo, de admirable vivencia cristiana.

He aquí algunos de los rasgos de la personalidad de la Beata: Fue devota colaboradora en la obra de los Ejercicios Espirituales, infatigable catequista de los niños y fervorosa discípula de San Francisco de Asís como Terciaria franciscana. Abnegada enfermera durante las terribles epidemias del cólera en el año 1867 y de la fiebre amarilla en el año 1871. Caritativa Vicentina en las visitas a las familias necesitadas.

En el año 1870, el Señor le inspiró fundar una casa de Penitencia de San Francisco pero, como no tenía ningún recurso, intentó responder a la llamada vocacional entrando primero entre las Carmelitas de Buenos Aires y después entre las Hermanas de la Visitación de Montevideo. Sin embargo la enfermedad la obligó a salir del claustro porque Dios la tenía destinada a una misión más grande.

En el año 1878, se llevó a cabo la fundación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanos. El señor Agustín Garzón, donó una manzana de terreno en el barrio de San Vicente de Córdoba. Con el dinero que le había dejado en herencia su hermano sacerdote Emiliano y algunos recursos personales, la Madre Tránsito, comenzó la construcción de un minúsculo convento al servicio de la niñez desvalida. Poco a poco el instituto progresó, se expandió y fundó el Colegio del Carmen de Río Cuarto y el Colegio San Francisco de Villa Nueva, ambos en la Provincia de Córdoba.

El Padre Quírico Porreca, se interesa por el proyecto de la Madre y ella le solicita la dirección de la nueva Congregación por un tiempo. El Padre Quirico aceptó gustoso el cargo, pero con el tiempo y movido por sus ambiciosas aspiraciones, desplazó a la fundadora y comenzó a mandar el. La pobre María del Tránsito, puesta en una encrucijada y como tenía presente que “La unión nace de los corazones humildes” aceptó la humillación para evitar problemas y dificultades al Instituto y se retiró a una pobre celda, llevando una vida de silencio, oración y de labores femeninas. Ella quería ser la humilde servidora del Señor y una lámpara viviente del Sagrario.

Este heroico gesto de humildad y de mansedumbre, purificó y hermoseó el corazón de la Madre Tránsito. Antes de morir hizo esta hermosa promesa: “ Hermanas, yo ya no les hago falta, porque no puedo hacer nada, pero cuando muera, desde el cielo les haré mucho bien.
La Madre Tránsito Cabanillas, murió santamente el 25 de Agosto de 1885, fiesta de San Luis, rey de Francia, patrono principal de la Tercera Orden Franciscana.

Elsa Lorences de Llaneza

P. VICTORINO FIZ GALENDE


Victorino Fiz Galende, nació el 2 de Setiembre de 1902, en el pueblo Morales de Valverde, Provincia de Zamora y diócesis de Astorga (España). A muy temprana edad, ingresó en el seminario de Astorga, para cursar los años de latín y los cursos de filosofía y teología. En los años sucesivos, tomó las distintas órdenes menores. El 20 de Julio de 1926, adquirió el diaconado y el 1º de Agosto, la ordenación sacerdotal. En los cursos lectivos de 1926-1928, obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad de Valladolid. El 23 de Mayo de 1932, se le autorizó a venir a la diócesis de Santa Fe (Argentina).

En los años siguientes, asumió distintos cargos parroquiales: vicario, cooperador de la catedral de Rosario, vicario ecónomo respectivamente en Arroyo Seco, en Montes de Oca, en Bouquet, en Tortugas y en Chabás. En esas localidades, su dinamismo lo impulsó a construir capillas, ermitas, etc. Encaró la construcción de templos parroquiales, fundó Institutos de Primaria y Secundaria y lanzó revistas para la juventud.

En el año 1878, fue designado capellán de las religiosas Siervas de Jesús de Rosario, formó el Centro de Residentes Monteoquinos en Rosario, asesoró al Movimiento Evangélico de Caná y prestó su colaboración como confesor en la iglesia de San Cayetano. Entre los años 1980 y 1983, escribió dos pequeños libros: “Temas de religión con ejemplos” y “Llaves del Paraíso”. El 27 de Setiembre de 1984, el papa Juan Pablo II, le confirió el nombramiento de Prelado de Honor de su Santidad.

El 6 de Abril de 1989, falleció en Rosario. Sus restos fueron sepultados en el panteón del Círculo Católico de Obreros; pero, a pedido de la feligresía de Nuestra Señora de la Merced de Montes de Oca, fueron trasladados al cementerio de esa localidad.

El padre Carlos Alberto Costa, vicepostulador del presbítero Victorino Fiz Galente, concluye así esta biografía: “El Padre Victorino, fue un ejemplo de sencillez y de humildad, de dinamismo apostólico y de caridad al servicio del pueblo de Dios”.

Elsa Lorences de Llaneza

DON PEDRO ORTIZ DE ZÁRATE


Don Pedro Ortiz de Zárate, nació en la ciudad de San Salvador de Jujuy aproximadamente en el año 1622. Su familia había recibido del rey, en pago a sus servicios, tierras y encomiendas que se extendían por leguas y leguas. Como hidalgo, él estaba destinado a ocupar cargos directivos en el gobierno municipal y como único hijo varón, todos depositaban las esperanzas de que tendría bien en alto el honor y el prestigio de la familia.

En el año 1644 Pedro, inicia su carrera política y lleva a cabo su boda con Petronila de Ibarra y Argañarás. Como ambos eran herederos de auténticas fortunas y de dos familias contrincantes, este casamiento sellaría el olvido definitivo de los pleitos, e inauguraría el comienzo de una plena y armoniosa convivencia. Del matrimonio nacerían dos hijos: Cuando Pedro tenía 32 años, se desploma una viga que sostenía el techo de su casa de campo de San Salvador, sobre su esposa, matándola al instante. Este suceso, reflota en él la idea del sacerdocio, que antes de su enlace, y debido a su amistad con los jesuitas, había pasado por su imaginación.

Ya decidido, éstos le abren las puertas del Seminario de Córdoba, donde hizo sus estudios y llega así a la ordenación sacerdotal. Luego de ella y hallándose vacante la sede parroquial de San Salvador de Jujuy, don Pedro es designado en este cargo.
Como cura fue muy piadoso, caritativo y buen cristiano. Los Jesuitas lo ponderaban, diciendo de él que era un ejemplo de sacerdote de gran capacidad y que fomentaba la construcción de Iglesias y capillas con aportes populares o utilizando los recursos de su bolsillo. “Don Pedro recorría todo el territorio de su vicariato, extendido en más de cien leguas, para hacer misiones en las que reformaba a todos los demás”.

En el año 1647, las relaciones entre los colonos españoles y los indios eran turbulentas. Don Pedro entonces, levanta el banderín de la pacificación entre ellos y sale en una nueva expedición misionera, aunque costase el martirio, como sucedió en otras expediciones semejantes.

Hacia fines de abril de 1683, la cruzada, encabezada por Don Pedro y por los misioneros jesuitas, Antonio Solinas y Diego Ruiz, acompañados por un nutrido grupo de ayudantes y criados, se puso en marcha. La meta era la actual comarca de la diócesis de Orán (Salta), donde fijaron sus tiendas.

La acogida de los indios fue muy buena. A los pocos meses los misioneros pudieron formar un pueblito o reducción de unas dos mil almas. Lamentablemente, los hechiceros de cada clan, al ver desplazada su influencia, comenzaron a tramar su perdición.

En las primeras horas de la tarde del 27 de Octubre de 1683, “Mientras los misioneros se hallaban indefensos entre indios amigos, los hechiceros y sus fautores, los acometieron con suma gritería y les quitaron las vidas con dardos y macanas (….)”.

De esa manera, una iniciativa tan estupenda, que tenía todos los motivos para tener éxito divino y humano, terminó en tragedia, en un desastre total, semejante al de la Cruz.

Conocer a nuestros héroes, a nuestros apóstoles y a nuestros mártires es un desafío, porque al ponderar sus gestas, nace en nosotros una santa admiración, y, a la vez, brotan el deseo de soñar cosas grandes y la aspiración de ser dignos de ellos en nuestra conducta y en nuestra entrega al servicio del apostolado.

Elsa Lorences de Llaneza